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Ejercicio: convierte una escena plana en conflicto (y descubre dónde nace una historia)

  • amadeuisanta
  • 20 jul
  • 4 min de lectura

Uno de los problemas más frecuentes cuando empezamos a escribir ficción es crear escenas que, aunque están bien narradas, no producen ningún efecto en el lector.


Los personajes hablan. Pasan cosas. Los lugares están descritos.


Pero al terminar la escena queda una sensación extraña:

Aquí no ha ocurrido nada.”


Y muchas veces no falta estilo. Falta conflicto.


Una escena funciona cuando existe una tensión, aunque sea pequeña. No hace falta una persecución, una discusión o una gran revelación.


A veces basta con que alguien quiera algo y algo se interponga.


En este ejercicio vamos a aprender a detectar una escena plana y transformarla en una escena con energía narrativa.



Primero: una escena sin conflicto


Imaginemos esta situación:

Marta llega a casa después del trabajo. Deja el bolso encima de la mesa, se prepara un café y se sienta en el sofá. Mira por la ventana mientras escucha la lluvia. Después revisa el móvil y responde algunos mensajes.

No está mal escrita. La imagen es clara. Podemos imaginarla. Pero como escena narrativa tiene un problema: Nada está en juego. Marta hace cosas, pero no sabemos por qué importan. No existe una pregunta que nos empuje a continuar.


Paso 1: descubre qué quiere el personaje


Toda escena necesita un objetivo.


Pregúntate:

¿Qué quiere conseguir el personaje en este momento?


Puede ser algo sencillo:

  • descansar

  • esconder algo

  • evitar una conversación

  • obtener información

  • tomar una decisión


En nuestro ejemplo:

Marta quiere pasar una noche tranquila. Pero todavía no hay historia. Necesitamos resistencia.


Paso 2: añade un obstáculo


Ahora aparece algo que dificulta ese objetivo.


Por ejemplo:

Marta no quiere hablar con nadie, pero encuentra una carta encima de la mesa que lleva diez años esperando recibir.


La situación cambia.


Ahora existe una tensión:

Quiere tranquilidad. Pero el pasado acaba de llamar a su puerta.


Paso 3: añade algo que esté en juego


El conflicto aumenta cuando entendemos qué puede perder. La carta no es solo una carta. Contiene información sobre su hermano, con quien dejó de hablar después de una discusión.


Ahora la pregunta es:

¿Abrirá la carta?


Porque abrirla significa enfrentarse a algo que ha evitado durante años.


La escena transformada


Podría quedar así:

Marta llegó a casa empapada por la lluvia y dejó el bolso en el suelo. Lo único que quería era preparar un café, quitarse los zapatos y fingir que aquel día no había ocurrido nada.
Entonces vio el sobre encima de la mesa.
No tenía sello. No tenía dirección.
Solo su nombre escrito con una letra que reconoció antes incluso de acercarse.
Hacía once años que no veía esa letra.
Marta dejó el café a medio preparar y se quedó mirando el sobre.
Podía abrirlo.
O podía hacer lo que había hecho durante más de una década: esconderlo todo debajo de la alfombra.

Ahora sí hay escena. No porque haya más acción. Sino porque existe una decisión.


El conflicto no siempre es un problema externo


Una confusión habitual es pensar:

“Necesito que ocurra algo grande.”


Pero muchas veces el conflicto más interesante está dentro del personaje.


La pregunta no es solo:

¿Qué ocurre?


También:

¿Qué significa esto para él?


Dos personas pueden recibir la misma noticia y vivir historias completamente diferentes. Porque el conflicto depende de la relación del personaje con lo que ocurre.


Tres formas sencillas de añadir conflicto a cualquier escena


1. Dale al personaje un objetivo


Antes de escribir una escena, completa esta frase:

“En esta escena, mi personaje quiere…”

Si no puedes terminarla, quizá la escena no tenga dirección.


2. Pon algo que se oponga


Completa:

“Pero…”


Ejemplo:

Quiere pedir perdón. Pero descubre que la otra persona ya se ha ido.


Quiere decir la verdad. Pero sabe que destruirá una relación.


3. Oblígalo a decidir


Las decisiones generan historias. Una escena termina siendo importante cuando algo cambia. Aunque sea pequeño. Aunque el personaje solo decida guardar silencio.


El ejercicio práctico


Ahora prueba tú.


Escribe una escena de cinco líneas donde ocurra algo cotidiano:

  • alguien compra pan

  • alguien espera un autobús

  • alguien ordena una habitación

  • alguien prepara una cena


Después añade:


1. Un deseo:

¿Qué quiere conseguir?


2. Un obstáculo:

¿Qué se lo impide?


3. Una decisión:

¿Qué tendrá que hacer?


Observa cómo una situación corriente empieza a transformarse.


Una última idea


La vida real está llena de momentos aparentemente normales. Pero la ficción no consiste en copiar la realidad. Consiste en revelar lo que está debajo.


Una persona tomando un café puede ser una escena vacía. O puede ser alguien tomando una última decisión antes de cambiar su vida.


La diferencia está en el conflicto. Porque una historia empieza realmente cuando algo deja de ser sencillo.


En resumen


Para convertir una escena plana en una escena narrativa:

  • da al personaje algo que quiera

  • crea una resistencia

  • aumenta lo que está en juego

  • obliga a tomar una decisión


No necesitas grandes acontecimientos. Necesitas tensión.


Porque la pregunta que mantiene viva una historia siempre es la misma:

¿Qué hará ahora el personaje?”


¿Te atreves a transformar una escena cotidiana siguiendo este ejercicio?

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