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De dónde salen las ideas (y cómo provocarlas)
Una de las preguntas más repetidas a cualquier escritor es: ¿de dónde sacas las ideas? La respuesta decepciona bastante. Las ideas rara vez aparecen como revelaciones completas. No suelen llegar con estructura, personajes definidos y final incorporado. Lo habitual es algo mucho menos espectacular: Una imagen. Una frase. Una contradicción. Una pregunta. A veces solo una incomodidad. Las ideas no suelen llegar acabadas Pensamos en las ideas como semillas perfectas. En realidad
amadeuisanta
hace 7 días2 Min. de lectura


Mi historia con la escritura
No recuerdo exactamente cuándo empecé a escribir. Supongo que, como muchas cosas importantes, no ocurrió de golpe. No hubo un momento solemne, ni una revelación cinematográfica, ni una certeza clara de vocación. Más bien fue una aproximación lenta. Primero llegó la fascinación por las historias. Antes de escribir, fui lector. O espectador. O imaginador compulsivo. Me interesaban los personajes, sus conflictos, aquello que no decían, los mundos que parecían existir más allá de
amadeuisanta
11 may2 Min. de lectura


Por qué escribir ficción hoy (y para quién)
Vivimos rodeados de información. Noticias, mensajes, vídeos cortos, opiniones rápidas, titulares que duran unas horas antes de ser reemplazados por otros. Todo parece diseñado para consumir deprisa y olvidar todavía más rápido. Y, sin embargo, seguimos necesitando historias. La ficción no compite con la realidad: la traduce. Escribir ficción hoy no consiste solo en inventar mundos, personajes o tramas sorprendentes. Es una manera de observar lo que ocurre dentro y fuera de no
amadeuisanta
4 may3 Min. de lectura


La primera comunión
Ana miraba su vestido blanco como si fuera un velo entre ella y el mundo. Era su primera comunión, un día que debía ser especial, pero algo en la iglesia la inquietaba. Las sombras en las esquinas parecían moverse, y el frío de las piedras del altar atravesaba sus zapatos. La iglesia de San Valerio era antigua, demasiado antigua. Nadie recordaba cuándo se había construido realmente. Las paredes de piedra exudaban humedad y un leve olor a cera rancia y madera vieja impregnaba
amadeuisanta
20 abr4 Min. de lectura


El vegano
Reconvertido en vegano convencido, Ramiro había decidido abandonar la civilización para abrazar la pureza de la vida salvaje. Se encontraba ahora trepando un imponente árbol, con las manos llenas de hojas desconocidas y los bolsillos abarrotados de bayas de dudosa procedencia. Mientras mascaba con entusiasmo un puñado de algo que juraba ser "la comida de los dioses" —aunque sabía a zapato mojado—, sintió que su sistema digestivo lanzaba un SOS con la intensidad de un conciert
amadeuisanta
13 abr4 Min. de lectura


Joshua el solitario
Joshua se entretenía con su vida de soltero. Sus conocidos consideraban que arrastraba una vida triste. A él no se lo parecía. Y digo simplemente conocidos porque carecía de amigos. Nadie quería traspasar la barrera para acercarse a él de otra forma que no fuera la inmediatez y la intrascendencia. Esta forma de relacionarse no le molestaba en absoluto, es más, hasta estaba orgulloso y alardeaba de ella. Sus días se deslizaban entre rutinas bien marcadas: despertarse a las sei
amadeuisanta
6 abr5 Min. de lectura


El colgado
Llevo un par de horas colgado de un árbol sin que nadie se haya dado cuenta de mi nueva situación. No es que me moleste, pero tampoco es la posición más cómoda del mundo para reflexionar sobre las vueltas que da la vida. Además, hay algo profundamente absurdo en todo esto: estoy rodeado de una multitud que, con sobrecogedora cotidianidad, también está colgada de otros árboles, postes y hasta de las farolas de la plaza central. Algunos leen el periódico, otros toman café en ta
amadeuisanta
30 mar4 Min. de lectura


Tubérculo
El ambiente de la terraza era perfecto. Una suave brisa movía los manteles de cuadros rojos y blancos, mientras el camarero, un hombre de bigote perfectamente esculpido, daba vueltas a una bandeja con una habilidad tan precisa que podría haber sido confundido con un malabarista profesional. Ella masticaba lentamente una brava, su mirada clavada en él, como si lo estuviera desafiando a entrar en un debate filosófico que involucrara tubérculos y existencialismo. —Sabes —dijo fi
amadeuisanta
23 mar4 Min. de lectura


Caminar por las vías
Kira vivía en un pequeño pueblo olvidado por el tiempo, donde los relojes parecían avanzar más despacio y el polvo cubría las paredes de ladrillo como una piel vieja. Rodeado de rieles oxidados y campos marchitos, el lugar tenía algo de fotografía antigua, como si su alma hubiera quedado atrapada en un sepia perpetuo. El único sonido que rompía la calma era el silbido lejano del tren nocturno, que cada noche cruzaba los límites del pueblo sin detenerse jamás. Todos sabían que
amadeuisanta
16 mar4 Min. de lectura


Relicario dorado
Adela había heredado un relicario antiguo, un pequeño óvalo de oro con inscripciones que nadie en la familia podía descifrar. Siempre le había parecido hermoso, pero también inquietante. Su superficie, desgastada por el tiempo, parecía vibrar suavemente cuando lo sostenía durante mucho rato. Lo había guardado en una caja de terciopelo junto a cartas viejas de su abuela, sin atreverse a llevarlo consigo. Una noche, incapaz de dormir por un mal sueño, lo sacó de su escondite. S
amadeuisanta
9 mar4 Min. de lectura


El ataque de los Oxímoron
Era un día soleadamente nublado en Ciudad Contradictoria. Los habitantes, expertos en vivir su caótica tranquilidad, comenzaban la mañana con sus rutinas de espontaneidad: desayunos organizadamente desordenados, paseos apresuradamente lentos y conversaciones silenciosamente ruidosas. Todo marchaba como de costumbre, es decir, de forma impredecible, hasta que el cielo decidió tomar el protagonismo. Primero llegó un "silencio atronador", un sonido tan intenso que dejó a todos p
amadeuisanta
2 mar3 Min. de lectura


Un nuevo tiempo
El reloj de la plaza marcaba las 23:59. La gente se había reunido en la recta final del año para despedir el viejo calendario, con brindis, abrazos y promesas. Sin embargo, ese año era distinto. Nadie sabía por qué, pero todos lo sentían: el aire estaba cargado, como si algo grande estuviera a punto de suceder. Martín, un anciano que había visto ochenta y cinco años pasar, se detuvo frente al reloj, fascinado por el tintineo metálico de las manecillas. Observó cómo el segunde
amadeuisanta
23 feb4 Min. de lectura


Restaurante km 47
Hizo una parada a medio camino. No por hambre ni cansancio extremos, sino por una opresión leve, pero constante, en el pecho. Como si algo —una idea o un recuerdo— se resistiera a emerger del todo. La carretera era larga, recta, indiferente. Un cartel oxidado anunció “Restaurante km 47 - 300 m”. Giró sin pensar demasiado. El aparcamiento estaba vacío. Al fondo, tras unas ventanas amplias y polvorientas, se veía el interior casi desierto del restaurante. Entró. Una campanilla
amadeuisanta
16 feb4 Min. de lectura


En un mundo paralelo
En un mundo donde los cielos eran púrpuras y los mares de plata líquida, los humanos no eran los guardianes del conocimiento. Esa tarea recaía en los "Luminaris", seres etéreos hechos de luz y energía, que flotaban sobre ciudades construidas en árboles gigantescos cuyos troncos eran tan anchos como montañas. Estos seres alimentaban la vida con su sabiduría y protegían el equilibrio de todas las cosas. Pero un día, el equilibrio se rompió. Una grieta se abrió entre ambos mundo
amadeuisanta
9 feb4 Min. de lectura


Sueños extraños
La noche fue muy agitada para Sam. Había soñado en desplazamientos que él hacía en diferentes medios de transporte. Se vio viajando en metro, en el interior de un avión y hasta montado en un carruaje típico como los utilizados por los amish. No estaba seguro de si todo eso era una señal maravillosa o el presagio de un desastre, pero sí sabía que era un indicador de algo que ya intentaría descubrir. Sam se despertó sudoroso, con el eco de los raíles del metro aún resonando en
amadeuisanta
2 feb4 Min. de lectura


Espera en la puerta
Raúl había recibido instrucciones precisas: esperar frente a la puerta de la casa número 17 en la calle Olmo. Sin golpear, sin hablar. Solo esperar. La carta era breve, sin firma ni explicación. Eran las once de la noche cuando llegó. La puerta, negra y vieja, parecía consumir la poca luz de la farola cercana. Alrededor, el silencio era opresivo, como si el mundo entero contuviera la respiración. Pasaron los minutos. Raúl sintió el peso del tiempo y una creciente sensación de
amadeuisanta
26 ene4 Min. de lectura


La huésped
Estaba sola en casa cuando ocurrió. Era tarde y la tormenta azotaba las ventanas con furia. Había dejado un vaso en el fregadero y, sin pensarlo mucho, giró el viejo grifo de la cocina. En lugar del chorro de agua fría que esperaba, salió un líquido oscuro y espeso que parecía moverse por sí solo. Retrocedió, aterrada. El líquido formó un charco en el fregadero, y de pronto, algo comenzó a emerger: una mano delgada, de dedos alargados, seguida de un rostro pálido y ojos que p
amadeuisanta
19 ene4 Min. de lectura


La coronilla
La coronilla se le vaciaba considerablemente, en cada peinado sufría. La parte frontal del cráneo no presentaba entradas, a salvo, por el momento. Sin embargo, aquello era un consuelo tan frágil como un paraguas de papel en medio de un huracán. Al fin y al cabo, la calvicie no era un enemigo que avanzara en una sola dirección, sino una guerrilla metódica y despiadada. Intentaba encontrar una solución conformista y esta podía ser el beneficio de su altura. Si lo asaltaban por
amadeuisanta
12 ene4 Min. de lectura


El poder de Hazlo
Quino había llegado al límite. Durante años, la palabra "hazlo" se había infiltrado en su existencia como una melodía pegajosa y opresiva. Cada vez que alguien se la lanzaba como una daga verbal, algo en su interior se revolvía. No era solo la molestia de hacer lo que otros evitaban, sino una sensación más oscura, más visceral: "hazlo" resonaba en su pecho como un eco venenoso que lo consumía desde dentro. La primera vez que notó el verdadero poder de esa palabra fue en una t
amadeuisanta
15 dic 20254 Min. de lectura


El detective
El detective la invitó a pasar, y ella, con el impermeable empapado, cruzó el umbral con una mezcla de resignación y determinación. La oficina estaba exactamente como había imaginado: las persianas a medio abrir, un ventilador oxidado girando sin razón aparente y un escritorio que tambaleaba con cada leve movimiento. Y allí, en el centro del caos, el detective. Se sentaron. Él, con una chaqueta que había visto mejores días y un pitillo colgando de los labios, indicó con su de
amadeuisanta
8 dic 20254 Min. de lectura
Vocablos con mucho cuento
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