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Restaurante km 47
Hizo una parada a medio camino. No por hambre ni cansancio extremos, sino por una opresión leve, pero constante, en el pecho. Como si algo —una idea o un recuerdo— se resistiera a emerger del todo. La carretera era larga, recta, indiferente. Un cartel oxidado anunció “Restaurante km 47 - 300 m”. Giró sin pensar demasiado. El aparcamiento estaba vacío. Al fondo, tras unas ventanas amplias y polvorientas, se veía el interior casi desierto del restaurante. Entró. Una campanilla
amadeuisanta
hace 2 días4 Min. de lectura


En un mundo paralelo
En un mundo donde los cielos eran púrpuras y los mares de plata líquida, los humanos no eran los guardianes del conocimiento. Esa tarea recaía en los "Luminaris", seres etéreos hechos de luz y energía, que flotaban sobre ciudades construidas en árboles gigantescos cuyos troncos eran tan anchos como montañas. Estos seres alimentaban la vida con su sabiduría y protegían el equilibrio de todas las cosas. Pero un día, el equilibrio se rompió. Una grieta se abrió entre ambos mundo
amadeuisanta
9 feb4 Min. de lectura


Sueños extraños
La noche fue muy agitada para Sam. Había soñado en desplazamientos que él hacía en diferentes medios de transporte. Se vio viajando en metro, en el interior de un avión y hasta montado en un carruaje típico como los utilizados por los amish. No estaba seguro de si todo eso era una señal maravillosa o el presagio de un desastre, pero sí sabía que era un indicador de algo que ya intentaría descubrir. Sam se despertó sudoroso, con el eco de los raíles del metro aún resonando en
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2 feb4 Min. de lectura


Espera en la puerta
Raúl había recibido instrucciones precisas: esperar frente a la puerta de la casa número 17 en la calle Olmo. Sin golpear, sin hablar. Solo esperar. La carta era breve, sin firma ni explicación. Eran las once de la noche cuando llegó. La puerta, negra y vieja, parecía consumir la poca luz de la farola cercana. Alrededor, el silencio era opresivo, como si el mundo entero contuviera la respiración. Pasaron los minutos. Raúl sintió el peso del tiempo y una creciente sensación de
amadeuisanta
26 ene4 Min. de lectura


La huésped
Estaba sola en casa cuando ocurrió. Era tarde y la tormenta azotaba las ventanas con furia. Había dejado un vaso en el fregadero y, sin pensarlo mucho, giró el viejo grifo de la cocina. En lugar del chorro de agua fría que esperaba, salió un líquido oscuro y espeso que parecía moverse por sí solo. Retrocedió, aterrada. El líquido formó un charco en el fregadero, y de pronto, algo comenzó a emerger: una mano delgada, de dedos alargados, seguida de un rostro pálido y ojos que p
amadeuisanta
19 ene4 Min. de lectura


La coronilla
La coronilla se le vaciaba considerablemente, en cada peinado sufría. La parte frontal del cráneo no presentaba entradas, a salvo, por el momento. Sin embargo, aquello era un consuelo tan frágil como un paraguas de papel en medio de un huracán. Al fin y al cabo, la calvicie no era un enemigo que avanzara en una sola dirección, sino una guerrilla metódica y despiadada. Intentaba encontrar una solución conformista y esta podía ser el beneficio de su altura. Si lo asaltaban por
amadeuisanta
12 ene4 Min. de lectura


El poder de Hazlo
Quino había llegado al límite. Durante años, la palabra "hazlo" se había infiltrado en su existencia como una melodía pegajosa y opresiva. Cada vez que alguien se la lanzaba como una daga verbal, algo en su interior se revolvía. No era solo la molestia de hacer lo que otros evitaban, sino una sensación más oscura, más visceral: "hazlo" resonaba en su pecho como un eco venenoso que lo consumía desde dentro. La primera vez que notó el verdadero poder de esa palabra fue en una t
amadeuisanta
15 dic 20254 Min. de lectura


El detective
El detective la invitó a pasar, y ella, con el impermeable empapado, cruzó el umbral con una mezcla de resignación y determinación. La oficina estaba exactamente como había imaginado: las persianas a medio abrir, un ventilador oxidado girando sin razón aparente y un escritorio que tambaleaba con cada leve movimiento. Y allí, en el centro del caos, el detective. Se sentaron. Él, con una chaqueta que había visto mejores días y un pitillo colgando de los labios, indicó con su de
amadeuisanta
8 dic 20254 Min. de lectura


Evanescente
En un rincón olvidado del tiempo, donde las estaciones se cruzaban como hilos de un tapiz evanescente, vivía Lía, una joven que podía ver lo efímero en todo. Era una habilidad que algunos hubieran considerado un don, pero para Lía era una maldición hecha de instantes. Su mundo estaba tejido con aquello que los demás no podían percibir: los suspiros de las hojas antes de ser arrastradas por el viento, las miradas que se perdían en un abrir y cerrar de ojos, las palabras que mo
amadeuisanta
1 dic 20254 Min. de lectura


El asedio de las Ucronías
Hacía años que la humanidad se había enfrentado a un enemigo inesperado: las Ucronías. Estas realidades alternativas comenzaron a filtrarse en la línea temporal original, trayendo consigo fragmentos de mundos que nunca debieron existir. Al principio, parecían curiosidades inofensivas: un monumento a Napoleón victorioso en Waterloo aparecía en París, o avistamientos de dinosaurios en los suburbios de Nueva York. Pero pronto, estas anomalías se multiplicaron. Fotograma de Maldi
amadeuisanta
24 nov 20254 Min. de lectura


El wifi neuronal
Lo acababan de enterrar y, sin perder tiempo, activó el wifi neuronal. Un chispazo atravesó la negrura, como una descarga de electricidad estática en un mundo acolchado. —¡Hola! ¿Hay alguien disponible por aquí? —su voz resonó con el eco de quien grita en un vasto vacío. —Sí, hola, ¿qué tal? ¿Acabas de llegar? —respondieron con un tono entre cordial y aburrido, como el recepcionista de un hotel que lleva demasiados turnos seguidos. —Sí, sí, —dijo mientras intentaba aclimatars
amadeuisanta
21 nov 20254 Min. de lectura


Pareidolia
Cada noche, Eva se encontraba con la misma cara en la ventana de su habitación. No importaba si las cortinas estaban corridas o si apagaba todas las luces para dejar la habitación sumida en una oscuridad impenetrable: la cara estaba allí. Al principio, creyó que era su imaginación, un simple caso de pareidolia. Quizás la forma de las ramas del árbol fuera del cristal, junto con las sombras proyectadas por la luz de la farola, formaban aquella figura inquietante. Pero con cada
amadeuisanta
21 nov 20254 Min. de lectura


El chorro
Solo aguantó unos segundos hasta que su organismo no pudo más. Inclinó ligeramente la cabeza hacia atrás para coger impulso y, con la apertura máxima que le permitió la boca, expulsó una parabólica y majestuosa corriente de fluidos densos y viscosos. Era como si su interior hubiera decidido rebelarse contra las leyes de la decencia, y al primer contacto con el aire, la sustancia comenzó a brillar de manera extrañamente hipnótica. —¡Código rojo! —gritó alguien del grupo, aunqu
amadeuisanta
21 nov 20253 Min. de lectura
Vocablos con mucho cuento
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