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¿Por qué usas ‘cuanto menos’ cuando quieres decir ‘cuando menos’?

  • Foto del escritor: Amadeu Isanta
    Amadeu Isanta
  • 19 mar
  • 3 Min. de lectura

Eran una pareja tan perfecta que incluso habían superado la prueba de salir de una famosa cadena de tiendas de decoración sin discutir ni una sola vez. Eso ya decía mucho de lo bien que se llevaban y de lo compenetrados que estaban. Agarrados de la mano, recorrían los pasillos y estancias de la enorme nave donde se ubicaba la tienda, como si la maldición que perseguía al establecimiento y que caía sobre toda pareja que entrara por su puerta no fuera con ellos.



Como si de una sola mente se tratara, ambos estuvieron de acuerdo a la hora de elegir los muebles con los que convertirían el pequeño piso que acababan de comprar en un hogar. Por fin habían cumplido su sueño de tener su propia casa, la rúbrica definitiva, en espera de los hijos, a su unión.


Pero el problema llegó a la hora de montar los muebles que habían elegido. Aunque ninguno de los dos era un maestro del bricolaje, tampoco podía decirse que fueran torpes, y con sus más y sus menos, habían ido saliendo airosos de la tarea hasta que llegó el turno de montar la dichosa estantería de la discordia.


Mientras uno armaba las baldas, el otro se había dedicado a montar la estructura sobre la que descansarían. Y llegado el momento, la cosa no encajaba. «Eso es que no has seguido bien las instrucciones, cari», reprochó ella. «No, amor, eres tú quien se ha liado», se defendió él. «¿Yo?, mira, aquí clarito pone que en estos agujeros va el tornillo Svöklinger y no el Svöklingar, que es el que has elegido tú», contraatacó ella. «Eso es para tu parte, no para la mía, ¿no sabes leer?»…


Y el tono fue subiendo y subiendo hasta que la discusión acabó con un cartel de «Se vende» en la ventana que daba a la calle, la vuelta de cada uno a casa de sus padres y las piezas de la maldita estantería abandonadas y desperdigadas por el suelo del salón. Lo que no consiguió la tienda de muebles, lo hizo un simple tornillo mal encajado.


Ya ves la que puede liar una letra mal puesta: si te equivocas al colocarla, la palabra cambia y el sentido de la frase puede verse afectado también. Es lo que ocurre cuando en lugar de cuando menos ponemos cuanto menos, un error muy común entre los hablantes, a quienes el lado tenebroso de la fuerza les lleva a decir cosas como «Esta historia de amor es, cuanto menos, curiosa» o «El proyecto es, cuanto menos, ilusionante». Lo correcto habría sido utilizar cuando menos, ya que equivale a por lo menos, como mínimo.


Cuanto menos «se utiliza en expresiones en las que dos elementos de una misma frase está relacionados entre sí, de tal forma que, si varía la cantidad a la que alude uno de ellos, también varía la que señala el otro», explican desde la FundéuRAE: «Cuanto menos comes, menos energía tienes» sería un buen ejemplo de uso.


Dice la RAE en el Diccionario panhispánico de dudas que también sería aceptable la variante coloquial mientras menos (Mientras menos sepas, mejor). Y que excepto en México y el área centroamericana, la norma culta desaconseja emplear entre menos en lugar de cuanto menos (*Entre menos sepas de la misión secreta, menos peligro corres). Pero da un no rotundo —y cuando es no, es no— a contra menos (*Contra menos sepas…), así que, haced el favor. Lo de los tornillos y las estanterías ya si eso…



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